viernes, julio 21, 2006

Cicuta

Mudo me dejaste el sueño, el tiempo y muda la fe. Terca la esperanza que grita en vano por un laberinto cuaresmal, pero mi espera no tuvo domingo de resurrección. Acaso, tú, palabra pécora de mis entrañas, ¿sabes de glorias? No, no sabes de nada que no sea el robo escandaloso de las voces enamoradas. Voces como la mía que fueron acalladas por tu estrepitante oración.