martes, julio 18, 2006

Sólo un Dios




Creí encontrarte en esos ojos tristes, ese pelo castaño y esas manos largas. Lo hice mi Dios, lo senté en tu silla de oro, le prendí mil veladoras, le rezé mil salmos y sólo era un hombre. Sólo era de carne y hueso.

Cuando llegues con tus ojos tristes, tu pelo castaño y tus manos largas te sentaré en tu silla de oro y esta vez no rezaré, no prenderé veladoras, esta vez te arrastraré por cada uno de los templos de mi cuerpo, porque a los Dioses no se les adora, se les humilla