martes, febrero 27, 2007

Decálogo del político precioso

Dedicado con mucha preciosidad a mi héroe, chingao, mi kamel-cito.

I. Darle coscorrones a los periodistas. Entre si son peras o son manzanas no nos arriesgaremos y de una buena vez a callar ladridos. Los periodistas son muy metiches y dados a victimizarse, con cualquier cosita ya están llorando y levantando quejas ante Derechos Humanos por maltrato. No se dejen, es nuestra obligación poner el ejemplo para que otros y otras periodistas aprendan de lo sucedido y no estén jode y jode.

II. Pagar con creces los favores económicos recibidos en campaña. Bien dicen que hay que ser agradecido, por esa razón no debemos dudar ante la petición de apoyo de nuestros entrañables benefactores. No importa el problema en que nos involucremos y mucho menos si después no continuemos en estos caminos (la política), lo primero es lo primero. Piénselo, no sólo se meten con el hombre que tanto nos ayudó, es algo personal. Cómo recuerdo cuando esa vieja ca... se quiso meter con mi héroe, pero para eso estuve yo ahí, para defenderlo, chingao.

III. Degustar de bellísimas botellas de coñac. La tradición marca que sean dos las botellas que debemos de echarnos, así lo impuso un gran amigo. Digamos que es el bautizo para poder entrar al reino de los preciosos. Ah, pero éstas bellísimas deben de ser obsequiadas por alguno de nuestros bienhechores, porque sino no vale. Nada de que yo me las autoregalo.

IV. Ni muy muy, ni tan tan. Estamos de acuerdo en que no somos santos, desde luego, pero si alguien tiene pruebas que las presente, ¿o no? Siempre con la cabeza muy en alto, y si por ahí metimos la pata, pues qué, a seguir con la frente arriba porque todo lo hacemos por los niños y niñas, de este país, del mundo entero.

V. No contratar el servicio telefónico de Telmex. Como no queremos que presenten pruebas para desmentirnos lo ideal es que usen otras compañías de telefónos. A mí ya me pasó una vez, pero nomás diciendo que fue una conversación editada me quité de encima a esos ca... marones. Aunque yo creo que es mejor que se busquen uno de esos aparatitos para no permitir que intervengan las llamadas.

VI. Idolatrar a Kamel Nacif. Ayyyyyyy -suspiro-. Mi mayor inspiración, el dueño de mis quincenas y de mis botellas y de todo, todo lo que me sobra, mi kamellito, reyecito de la mezclilla. Él, y desde luego yo, somos sus máximas aspiraciones, sus héroes de esta película, papás. Les sugiero que engranden alguna foto de Nacifito y la enmarquen. Le pueden rezar y en lugar de veladoras póngale unas muñequitas para que los guie por el camino de preciosidad.

Debo de aclarar, mis preciosísimos, que no es obligatorio ser góber ni pertenecer al estado camotero. Tú, en tu lugar de origen puedes ser uno de nosotros. ¡Únete ya!

domingo, febrero 25, 2007

Atraco en Cádiz

Cádiz. Última hora de la tarde. Calle casi desierta, a excepción de David, hijo de mi amigo el artista gaditano, especialista en reconstrucción de uniformes históricos, Miguel Ángel Díaz Galeote. David, que tiene catorce años, acaba de salir del colegio y espera sentado en la parada el autobús que lo lleve a casa. Pasa algún coche de vez en cuando. Al rato, atento a la llegada del transporte, ve acercarse una bicicleta desde el extremo de la calle. Sin prestarle atención, sigue hojeando los apuntes que tiene sobre las rodillas, porque dentro de tres días hay examen y lo lleva crudo. Mientras tanto, despacio, la bici llega hasta él. David levanta la vista y comprueba que se ha detenido y que, apoyado en el manillar, lo observa un chico un par de años mayor que él. Uno de esos pishas gaditanos de toda la vida: moreno, escurrido de carnes, pantalones de chándal y camiseta del Cai. El recién llegado lo mira muy fijo. Tiene el aire clásico de los zagales duros de allí. Así que David, pese a ser un crío tranquilo, se mosquea un poco. Dame er dinero, quiyo, dice el de la bicicleta. Los pocos coches que pasan no se percatan de la situación; y aunque así fuera, que se detuvieran es otra cosa. David, que no tiene un pelo de cobarde, tampoco lo tiene de chuleta, ni de tonto. Sabe que allí solo, frente a uno de dieciséis años, va listo. Indefenso total. Así que lo mira a los ojos, procurando no mostrar más preocupación que la justa. Sólo llevo un euro responde. Para el autobús. Habla con la calma de quien dice la verdad. El otro lo mira de arriba abajo, despectivo, apoyado en el manillar. Por un momento, David piensa en el reloj que lleva en la muñeca, regalo de sus padres. Espero que no le dé por quitármelo, se dice. Pero al otro sólo le interesa el metálico. Vacíate los borsiyos. Resignado a lo inevitable, David obedece. Deja los apuntes en el suelo y se levanta. Su único capital, el solitario y patético euro, reluce en la palma de su mano. Sin dejar la bici, el otro se apodera del botín. Luego se aleja pedaleando tranquilamente, haciendo eses por la calzada. David suspira, coge sus apuntes y echa a andar por la acera, en la misma dirección por la que se aleja el precoz chorizo que acaba de arrebatarle su capital. Media hora hasta casa, calcula. Algo menos si camina de prisa. A trechos se sorbe un poco la nariz. No está avergonzado, es un chaval sereno y sabe que la vida es así, pero siente picado el orgullo. Si el otro hubiera tenido su edad, el euro habría tenido que quitárselo a golpes, si se atrevía. Pero las cosas son lo que son. Así que aprieta el paso, inquieto porque llegará tarde a cenar y su madre estará preocupada. ¿Aónde vas, quiyo? El joven atracador, que al volverse a mirar atrás lo ha visto caminar, acaba de describir una curva con la bicicleta y ahora pedalea a su altura, mirándolo con curiosidad. Sin aflojar el paso, ceñudo, David responde. ¿Dónde voy a ir? A mi casa. ¿Andando? Me has quitado el euro. El otro se queda pensando. Luego le pregunta dónde vive, y David se lo dice. En la calle tal, número cual. Durante un trecho, el pisha sigue pedaleando a su lado, el aire reflexivo, mirándolo de reojo. De pronto frena. Sube, quiyo. Que te yevo. ¿Qué? Que subas, oé. Y entonces, David, con la naturalidad de sus benditos catorce años, se instala en el único asiento de la bici y se agarra a los hombros del choricillo, que, de pie sobre los pedales, sin sentarse, lo lleva tranquilamente por la avenida, durante diez o doce minutos, hasta la puerta misma de su casa. Gracias dice al bajarse. De nada, quiyo. Y el joven atracador se aleja muy digno, pedaleando. Dicho en una palabra: Cádiz.

Arturo Pérez-Reverter

miércoles, febrero 21, 2007

Hasta en los perros hay razas

Caninopolítico*:

(Del latín canínus y politícus)

1. s. adj. Dicho de un animal doméstico perteneciente al Estado, de tamaño, forma y lenguaje muy diversos. No es muy inteligente ni muy leal, aunque esto puede variar según la estirpe. Se alimenta principalmente de los impuestos de los ciudadanos.

~ french poodle.
1. Es de graciosa y perfecta estética caninopolítica. Su desenvolvimiento es muy suelto y agradable a la vista, pero es esto lo que le permite un fácil engaño. Un farsante y arrogante por naturaleza, que atrae a los votantes a través de su cautivante hermosura. Egresado de las mejores escuelas de amaestramiento, destacado alumno en actuación y dirección teatral. Su personalidad hipócrita tarde en descubrirse, sin embargo, en algunas ocasiones su prominente hocico lo delata.

~ rottweiler.
1. De fisonomía agresiva e imponente, posee una cabeza ancha, no obstante esto no es sinónimo de que el ejemplar goce de un razonamiento muy lúcido. Su boca y narices no son ni muy cortas ni muy largas, están en proporción con el cráneo. Llega a ser uno de los animales más fieles a su amo, siempre y cuando el rottweiller no se sienta ofendido o agraviado por éste. Ante una situación así el canino se volverá salvaje y, quizá, se dé una separación definitiva entre su dueño y él. Asimismo, es muy aferrado a su alimento favorito: el hueso, por lo que llegan a carecer de escrúpulos con tal de mantener su comida a salvo.

~ labrador.
1. De aspecto fuerte, sólido, ligero y pacífico, con proporciones intelectuales muy elevadas. Su linaje está casi extinto pues es presa de otras castas que se sienten amedrentadas por él. A su vez, es muy improbable que suba peldaños en la escala del poder, ya que las otras especies no lo permiten. Lo podemos encontrar en ciudades pequeñas o no tan contaminadas. Es el caninopolítico ideal: ágil, objetivo, atento, y sobre todo agradecido.

~ chihuahua.
1. Su dimensión es pequeña, a excepción de las orejas que son grandes y puntiagudas para una recepción perfecta de lo que pasa a su alrededor. De mandíbula breve pero respingona, cola larga y picuda al final. Por sus diminutas medidas es fácil de acomodar en cualquier puesto. Su temperamento es nervioso exagerado con delirio de persecución, excesivamente celoso con su propietario y enemigo acérrimo de los perriodistas.

~ fox terrier.

(Aclaración: esta clase de can no tiene relación con la que acaba de terminar su sexenio)

1. Es de complexión compacta pero no tosca, de cabeza plana. Su idiosincrasia es muy versátil, y es esta volubilidad lo que lo vuelve traicionero, puesto que hoy puede pertenecer a un grupo y mañana a otro. También se le conoce como saltimbanqui y tiende a morder la mano que le da de comer. En general es activo, de movimientos rápidos y precisos, siempre a la expectativa. Prolifera sobre todo en temporada electoral.

*Nota: no confundir con perro político.

miércoles, febrero 14, 2007

Y sin embargo,
mas,
si bien,
pero,
pese a que,
no obstante,
sigo teniendo fe en ti.

domingo, febrero 11, 2007

A mis soledades voy

A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.

Lope de Vega

Vete despacio


Agarra tus pujidos, tus gemidos y tus orgamos. Amárralos con mis condones y metételos por donde yo te la metí a diario. Trágate mi sudor, mis lágrimas y mi semen. Hazlos desaparecer como yo me desaparecía en ti.
Lento. Lento, lento para que no te canses como yo me cansé de tocarte, de olerte, de lamerte, de chuparte y de cogerte y de que no me amaras. Vete despacio y sin que yo me dé cuenta. Cámbiate la piel o muda de cuerpo y no me estorbes, que aquí, aquí tus ladridos ya están de más.

viernes, febrero 09, 2007

Oraciones (pasado)

Parece que ando por la tierra
asistiendo a mi propio entierro,
que estoy colgado en el presente
igual que un ojo gigantesco,
contemplando toda mi vida,
que hace el nido en mi propio cuerpo.
Yo, desde fuera de la carne,

impasiblemente lo veo.

José Hierro

Frase de la semana pasada

"Me da vértigo asomarme al abismo de tu ignorancia"
Sol28

Palabra de la semana

Otrora.
(De otra hora).
1. adv. t. p. us. En otro tiempo.

Retornando

Por un momento -meses- me di por vencida, o peor aún, me resigné... Hasta hoy.