Decálogo del político precioso
Dedicado con mucha preciosidad a mi héroe, chingao, mi kamel-cito.I. Darle coscorrones a los periodistas. Entre si son peras o son manzanas no nos arriesgaremos y de una buena vez a callar ladridos. Los periodistas son muy metiches y dados a victimizarse, con cualquier cosita ya están llorando y levantando quejas ante Derechos Humanos por maltrato. No se dejen, es nuestra obligación poner el ejemplo para que otros y otras periodistas aprendan de lo sucedido y no estén jode y jode.
II. Pagar con creces los favores económicos recibidos en campaña. Bien dicen que hay que ser agradecido, por esa razón no debemos dudar ante la petición de apoyo de nuestros entrañables benefactores. No importa el problema en que nos involucremos y mucho menos si después no continuemos en estos caminos (la política), lo primero es lo primero. Piénselo, no sólo se meten con el hombre que tanto nos ayudó, es algo personal. Cómo recuerdo cuando esa vieja ca... se quiso meter con mi héroe, pero para eso estuve yo ahí, para defenderlo, chingao.
III. Degustar de bellísimas botellas de coñac. La tradición marca que sean dos las botellas que debemos de echarnos, así lo impuso un gran amigo. Digamos que es el bautizo para poder entrar al reino de los preciosos. Ah, pero éstas bellísimas deben de ser obsequiadas por alguno de nuestros bienhechores, porque sino no vale. Nada de que yo me las autoregalo.
IV. Ni muy muy, ni tan tan. Estamos de acuerdo en que no somos santos, desde luego, pero si alguien tiene pruebas que las presente, ¿o no? Siempre con la cabeza muy en alto, y si por ahí metimos la pata, pues qué, a seguir con la frente arriba porque todo lo hacemos por los niños y niñas, de este país, del mundo entero.
V. No contratar el servicio telefónico de Telmex. Como no queremos que presenten pruebas para desmentirnos lo ideal es que usen otras compañías de telefónos. A mí ya me pasó una vez, pero nomás diciendo que fue una conversación editada me quité de encima a esos ca... marones. Aunque yo creo que es mejor que se busquen uno de esos aparatitos para no permitir que intervengan las llamadas.
VI. Idolatrar a Kamel Nacif. Ayyyyyyy -suspiro-. Mi mayor inspiración, el dueño de mis quincenas y de mis botellas y de todo, todo lo que me sobra, mi kamellito, reyecito de la mezclilla. Él, y desde luego yo, somos sus máximas aspiraciones, sus héroes de esta película, papás. Les sugiero que engranden alguna foto de Nacifito y la enmarquen. Le pueden rezar y en lugar de veladoras póngale unas muñequitas para que los guie por el camino de preciosidad.
Debo de aclarar, mis preciosísimos, que no es obligatorio ser góber ni pertenecer al estado camotero. Tú, en tu lugar de origen puedes ser uno de nosotros. ¡Únete ya!


